Nuestra Confitería

Este negocio surge del sueño y la ilusión de Josefa Chías Rodríguez.

Josefa y su marido Antonio tras sufrir el mayor varapalo que una persona puede recibir, en 1965 deciden abandonar su tierra y emigrar.

Durante 15 años estuvieron trabajando fuera y es en este tiempo cuando se forja un deseo en el interior de Josefa: volver a su tierra y montar allí una pastelería. El hecho de que fuera una pastelería la familia, bromeando, lo atribuía al hambre que pasó de pequeña y a un trauma infantil con unas empanadillas.

A principio de los años ochenta Josefa y Antonio regresan a su tierra. Es aquí donde la ilusión de Josefa, con el apoyo de su marido, se hace realidad: Surge Pastelería PEPI, en el puesto 43 del Mercado del Cerro del Águila. Los comienzos, como en todos los negocios, no fueron fáciles, pero a base de mucho trabajo y tesón logra levantar su negocio.

A mediados de los años 90 amplía el negocio con la introducción de una panadería y una semillería,  ocupando ahora los puestos del 39 al 43. Es en esta época cuando incorpora al negocio a su hijo y posteriormente a su nuera.

La andadura comercial de Josefa (conocida por sus clientes como PEPI). Duro hasta mediados del año 2008, cuando su salud le dijo, que a sus 72 años ya era hora de parar. Durante estos 28 años fraguó una reputación de empresaria seria y trabajadora, valores que trasmitió a sus sucesores, así como otras muchas enseñanzas. Hasta su fallecimiento en 2014 siguió aconsejando y ayudando en todo lo que podía. Hoy día cuando nos equivocamos en algo seguimos oyendo su frase: “Perder no es perder, es ganar para otra vez”.

Hoy día sus herederos seguimos al frente del negocio haciendo las cosas tal y como PEPI nos enseñó. Somos la segunda generación de este negocio pero amenazamos con la llegada de la tercera generación, a la que PEPI empezó a preparar, sigue formándose hoy día con la misma línea de trabajo que marcó nuestra fundadora.